Lamento decirte que te pienso.
Es tu virtud ser desagradable.
En la almohada escribo tu historia junto a la mía, a veces teniendote en cada arruga de la sabana quisiera atarte al seño de mi frente. Desesperadamente te busco en las gavetas entre papeles y cables.
Tu desordenada vida desespera mis sentidos, aún más si estoy contigo. Te rehúses a definirme, como si santo nombre llevará. La pena moja tu cuerpo y lo ensucia día a día.
Aviva mis libretas de pensamientos y detiene el frenesí de mis actos tardíos. Coloca tu manga en la mejilla que golpeaste y suaviza los golpes de la mañana.
